4 noches en la bella Lima

Teniendo tan solo 4 noches en Lima intente conocer las delicias de algunos de los cocineros más influyentes de Perú en la actualidad. Panchita de Gastón Acurio, ámaZ de Pedro Miguel Schiaffino, Central de Virgilio Martínez y Maido de Mitsuharu Tsumura. Cada cual con su estilo, Panchita con sabores clásicos de la cocina peruana. ámaZ con fuerte presencia de productos amazónicos. Central y sus menús de alturas. Maido y su cocina Nikkei. Reserve con anticipación para no quedarme afuera de ninguno y para allá fui, a disfrutar de las delicias limeñas.

Cenar solo es un acto que pone a prueba todos los sentidos. Cuando uno esta acompañado por lo general se pierde los detalles, y estando solo un poco te obsesionan esos detalles. Desde la presentación de la vajilla hasta el grito de maido al ingresar al restaurante de Mitsuharu como bienvenida. Miro todo, escucho a los mozos, a los cocineros, y hasta un poco a las mesas aledañas. Sí, estoy solo y no pienso perderme nada. El objetivo principal de este viaje fue conocer más sobre la tan aclamada revolución de la cocina de peruana. Pasando por ferias, mercados, supermercados y por supuesto, los mejores restaurantes.

Panchita

El restaurante familiar de Gastón Acurio. Como no podía ser de otra manera, para disfrutar un salón bien familiar fui un domingo al mediodía. Mesas enormes repletas de familias, yo solo, en una pequeña mesa con vista digna de un espectador de cine.

Acá son platos típicos, de olla, muchos terminados en un gran horno de barro que se encuentra en pleno salón. La carta se compone de platos típicos de la cocina de la abuela, con esos sabores de antaño que particularmente a mi, me encantan. Cebiches, papas a la huancaína, causas, anticuchos, ají de gallina y así podría estar toda la tarde describiendo la extensa y exquisita carta de Panchita.

Como un gran fanático del Ají de gallina puedo decir que el de Panchita es excelente. Bien sabroso y cremoso, con papas sancochadas y arroz de acompañamientos.

Un domingo de los que a mi más me gustan, 100% de olla.

Central

Cuando uno tiene reserva en uno de los mejores restaurantes del mundo tiene muchas expectativas. Lamentablemente solo conseguí reserva para comer en la barra y a la carta. Quedando fuera del excepcional menú por pasos que llevo a Virgilio a la cima de la gastronomía Latinoamericana, la oferta a la carta es acotada pero con opciones para todos los gustos.

La atención es digna de un restaurante de tal categoría, están en todos los detalles para que pases una noche especial, sin dejar nada librado al azar. El personal de la barra te atiende siempre con una sonrisa, sea para servirte un trago o para levantar un pequeño bollito de papel que alguien dejo caer sobre la barra.

En un restaurante como Central se ven todas las técnicas de cocina aplicadas en cada uno de sus platos. Cocciones que van desde ahumados, pasando por sous vide o a la sal, como la oca a la sal que te dan de bienvenida.

Como buen carnívoro mi primera opción fue pato ahumado en hojas de coca acompañado de quínoa tricolor, una delicia con una presentación digna del museo de arte contemporáneo limeño.

De plato principal pedí un asado de tira en cocción de 24hs exquisito. Fue tan rico que tuve la obligación de recomendárselo a otros comensales de la barra. Sí, como les dije estando solo escuchaba conversaciones ajenas y no pude evitar recomendarlo. Por suerte también les encanto.

Todo lo acompañe con un par de cervezas Sierra Andina Inti Golden Ale que fueron de las más ricas que probé en esta travesía limeña.

¿Qué puede decir un simple mortal como yo de un lugar así? Que sin dudas es un lugar donde cualquier amante de las experiencias culinarias debería pasar al menos una vez en la vida, donde se le da un tratamiento digno a cada uno de los productos peruanos sacándole el máximo provecho generando platos de altísima calidad. Las presentaciones son perfectas, se las nota estudiadas, pensadas para generar un impacto visual digno de una comida de tal categoría.

Maido

Era el lugar que más me llamaba la atención antes de partir. Posiblemente sea por la fusión peruana japonesa, más conocida como Nikkei.

Por supuesto que quien va a Maido va preparado para toda la experiencia Nikkei que tiene una duración de aproximadamente 2.30hs. Estando solo opte por pedir a la carta, en la barra y poder tener la posibilidad de charlar un poco con los cocineros que trabajan en ella.

Como verán a lo largo de mis publicaciones, soy un gran fanático de la carne. Y aquí no fue la excepción, intente armarme un menú para disfrutar de los placeres carnívoros.

Arranque con las dos opciones de nigiris que más me llamaron la atención, uno de entraña y otro de mollejas. El de entraña terminado a soplete en la barra con un huevo frito de codorniz de locos. Podría haberme comido 150 mil de estas piezas, pero me calme y deje espacio para lo que se venía.

Llego el plato soñado, Asado de tira Nitsuke. Con una cocción de 50hs y una reducción de sake, mirin, shoyu, ají limo y ajo crocante. En este momento se me paralizo el corazón. Todo lo que esta bien en esta vida, estaba en ese plato. Sin cuchillo y tenedor, solo cuchara. Cucharada a cucharada explotaba de sabor en la boca. Sin dudas es uno de los mejores platos que he probado en mi vida, un plato que emociona a cualquier amante de la carne.

Podría haber pedido un postre, no por tener hambre sino por donde estaba, pero la verdad quería recordar ese sabor y que perdure para siempre en mi paladar.

Volvería una y mil veces.

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ámaZ

Investigando antes de mi partida me recomendaron visitar este bello restaurante que inauguro en 2012 Pedro Schiaffino con el fin de promover la cultura amazónica y todos los productos que esta generosa cultura tiene para ofrecernos.

Confiando ciegamente en quien me lo había recomendado, no dude en hacer instantáneamente la reserva. Como en todos los restaurantes de esta categoría siempre es ideal reservar con anticipación para no perdérselos.

Yendo en contra de todas las recomendaciones sobre el cenar liviano la noche previa a viajar fui por el todo, el combo completo.  Esa era mi última noche en Lima y pensaba hacerla bien: entrada, plato principal, postre y café.

Hace unos años descubrí lo rico que es el atún rojo, y en un lugar como ámaZ, no podía perdérmelo. Arranque con un cebiche de atún rojo con miel de pasionarias y palta, una delicia.

Siendo más fuerte que yo el poder de la carne, seguí con un lomo saltado excelentemente condimentado. Por más que sea un plato relativamente simple y muy común dentro de la cocina peruana, estaba exquisito.

La sorpresa vino a la hora del postre. Consultándole al mozo me recomendó el helado de cecina. Sin saber muy bien de que se trataba, confié en el. Posiblemente porque en la carta decía que traía una reducción de whisky y cerveza negra, no podía fallar. Primera cucharada, un helado con sabor similar al dulce de leche, pero algo más traía de fondo. Pregunte al mozo de que se trataba y ahí entendí todo. La cecina es lo que aquí llamamos charqui, es decir, carne secada al sol. Si, a un fanático de la carne le traes un helado de carne seca y se te enamora en ese mismo momento. Así fue. Una belleza para el paladar y la manera perfecta de cerrar mi última noche de esta aventura Limeña.

Para terminar, un cafecito. Siempre un rico café cierra una noche mágica.

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Huaca Pucllana:

Dentro de las ruinas de Huaca Pucllana se encuentra este bello restaurante con vista a uno de los tesoros arqueológicos más importantes de la ciudad de Lima.

Acá la propuesta fue un menú degustación con todos los platos típicos de la cocina peruana: conchitas a la parmesana, anticuchos, croquetas de maíz, y pollo chifa para arrancar. Ají de gallina con arroz chaufa de principal y una degustación de postres que me dejo desbordado de dulce. Dentro de los postres estaba el arroz con leche, cheesecake, chocolate con lúcuma y un suspiro limeño para cerrar esta excelente experiencia. Todos los postres con una pequeña vuelta de rosca para resaltar los productos locales.

Extras:

Yendo más a lo informal tuve que probar los gloriosos sanguches de La lucha y también los de El chinito. Como verán no me prive de nada. Particularmente los de la Lucha me encantaron.

Por fuera de la locura de estos increíbles restaurantes tuve tiempo para recorrer un poco más y divertirme un rato en un pequeño tour gastronómico con la gente de Lima Gourmet Company que realice para llevarme un paneo general de la ciudad. Allí visite el mercado municipal de San Isidro teniendo la posibilidad de probar la gran cantidad de frutas y verduras. El recorrido incluía una parada en la tostaduría de café Bisseti, una pequeña clase de como preparar un pisco sour y hasta hubo tiempo para aprender a preparar un cebiche de corvina en Embarcadero 41. Muy recomendable.

Me fui de Lima enamorado de su gastronomía, con ganas de volver y con la posibilidad de haberme llevado un buen paneo de los máximos exponentes de la cocina peruana.

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Un comentario Agrega el tuyo

  1. whity dice:

    Se ve todo delicioso!!!!

    Le gusta a 1 persona

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